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El Mínimo Cambio Importante en las intervenciones de Fisioterapia en AP.

La fisioterapia en Atención Primaria de Salud no goza en su mayoría de medios para el adecuado seguimiento de los tratamientos ofrecidos, esto es algo que no ha cambiado demasiado en los últimos 10 años. Y no es solo culpa del sistema que no provee de espacios y tecnologías adecuadas para el registro, o de tiempos que permitan de una manera eficiente realizar esta tarea, que también. Esta vez quiero poner el foco en el papel del fisioterapeuta en este aspecto.

En muchos casos nuestras intervenciones no se guían por la mejoría o no de nuestro paciente, “nos” aferramos al número de 10 sesiones tope para dejar de atender un proceso concreto y así con el café para todos nos sentimos respaldados. Sin embargo, en muy pocos casos se utiliza un criterio clínico para tomar la decisión de dar el alta o derivar, o de cambiar el tratamiento llegado el caso.

Y digo que no hay un criterio clínico porque no tenemos “el hábito” (o la poca vergüenza…) de utilizar instrumentos que nos permitan de manera objetiva determinar esa mejoría clínica. Los criterios normalmente para establecer que un paciente ha mejorado son: “refiere menos dolor”, “aumenta su rango de movimiento”, o “refiere mejoría”, sin más. Ante preguntas tan precisas como “¿Qué tal te encuentras?”. Y así es complicado conocer realmente si nuestros tratamientos están siendo eficaces, o si es que esa mañana a nuestra paciente le ha llamado su hijo para darle una buena noticia…

Es imprescindible tener en cuenta 3 pilares de evaluación en cada tratamiento de Fisioterapia:

Primero tener una medida válida, fiable y reproducible del que escojamos como Objetivo Principal de nuestro tratamiento en conjunto con el paciente, normalmente dirigido a la mejora funcional: rango de movimiento, fuerza, resistencia, etc. Esto es lo que podría determinar la “Mejoría CLÍNICA”.

En segundo y tercer lugar debemos tener en cuenta la perspectiva del paciente sobre el impacto que esa posible mejoría clínica ha ocasionado en su vida, para esto debemos escoger un PROM (Patient Reported Outcome Measure) adecuado a cada caso. Y debemos tener conciencia de si el tratamiento elegido ha resultado satisfactorio o no, y cuanto, porque de esto depende que nuestro paciente perciba la eficacia real del tratamiento.

Para este tercer pilar debemos escoger un PREM (Patient Reported Experience Measure); algunas medidas de calidad de vida relacionada con la salud como el EuroQoL 5D, o indicadores con preguntas como el grado de satisfacción con las explicaciones, o simplemente el Net Promoter Score, son valores que nos pueden orientar de una manera más firme para conocer realmente si nuestros tratamientos están impactando de la manera que pensamos en la vida de nuestros pacientes.

En Fisioterapia (igual que en el resto de disciplinas) de Atención Primaria de Salud, hasta el momento, ni la organización, ni los profesionales han puesto el foco en lo que realmente quiere el paciente, y en muchos casos seguimos llenando de paternalismo terapéutico nuestras consultas, porque “el profesional soy yo”.

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